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Relato corto

El final de la marmota

Te diría que ciertamente podría ser en verdad una historia o historieta cómica, de esas que salen en las pelis o se desdibujan fehacientemente en los libros, hilarante quizás, hasta la extenuación, pero con un hilo conductor perspicaz, con un toque de seriedad profesional, con dulzura, incluso, en los momentos clave de romance.

Sin embargo, me levanté esta mañana con cierta inquietud y con actitud de aceptación, de resignación, mucho más aun. Un sentimiento que venía notando desde hacía unas dos semanas.

Y claro, lo primero que hice fue beber agua y tomar el café del termo, dirigirme al plato de la ducha y ducharme, por supuesto. Luego desayuné y me puse a leer el períódico digital. Mi preferido. El que yo había previamente seleccionado, no sin ello, dejar de contrastar las noticias sobrevenidas e incluso las más amarillistas. Alguna que otra había. Por lo general, solía escanear lo fundamental, a fin de empaparme del setenta por ciento de la información global. Tras ello….

-Uff, tengo la boca seca. La pesadilla de hoy se ha transformado gracias a los ciclos oníricos en un suave sueño matinero. Pero ha sonado el, despertador. ¿Qué puedo hacer para cambiar lo mismo de lo mismo? A ver… voy a pensármelo un momento: beberé agua y tomaré café del termo. Me dirigiré a la ducha y me ducharé, claro está. El desayuno será frugal, leche con tostadas, no como la otra vez. Oh, el periódico, mi predilecto, lo hojearé página a página, no sea que me pierda algo realmente super interesante, con mucho cuidado de que el cursor no me juegue una mala pasada, la verdad es que lo de pensar lo que vas a hacer viene muy bien para descondicionar. A ver si lo consigo. Bueno, espero un rato… la vecina ha gritado, seguro que es porque ha visto algún animalillo insectívoro. Me lo comentó el otro día, suele haberlos y aun cuando tome medidas… pero es que el periódico me facilita el placer, sigo leyendo….

Cada mañana es un atisbo de luz del día, una dádiva del universo hecho rayos de sol. El sol es el sol, pero nunca deja de alumbrarnos. Tengo siempre mucha sed, pero no voy a beber agua, cambiaré el orden, voy a tomarme primero el café, a ver si logro volatilizar el bucle. Es extraño, pero no me acordé de comprar café como cada semana en el supermercado. Paso de todo. Y el periódico lo he releído tanto. Hoy entraré en el blog de un compañero literario. Leer webs y blogs está muy bien, no creo que sea cierto lo de que están en decadencia gradual… un fake news como otro, considerando los tapahuecos de la prensa y de los difusores de información, porque mira que es difícil encontrar temas que reporten engagement en los lectores.

Finalmente se puso a leer el periódico digital. Su preferido. El que había previamente seleccionado, no sin ello, dejar de contrastar las noticias sobrevenidas e incluso las más amarillistas. Alguna que otra había. Por lo general, solía escanear lo fundamental, a fin de empararse del setenta por ciento de la informacion global. Tras ello… tuvo una reflexión audaz. En lugar de…

¡Ostras! De nuevo esta maldita somnolencia. Creí que debía dejarme llevar cada vez, sucumbir al abobinable sueño de Morfeo. ¡Ya está! Tengo la solución a mi bucle temporal. Pero claro está que no puedo cejar en mi empeño de pensar para resolver esta caótica situación. Cada mañana es lo mismo y sin apenas precisarlo deviene la noche con su tormento soporífero. Considero, que dios me perdone por mi atrevido argumentario, que cada vez somos más mecanicistas, o quizá no. Solo me ocurre a mí. Voy a comprobarlo. Esta coyuntura no conseguirá extralimitar a mi conciencia verdadera. Ea. Saldré a dar una vuelta y comprobaré la vida tal cual es. No digo que tenga que hacerlo gradualmente, primero tirare la basura, luego observaré el cielo raso cuyo escenario lúdico se acerca al cénit.

Tomó su café como cada mañana. Se dispuso a leer el periódico, noticias amarillistas incluidas para obtener una visión de conjunto de toda la información del día acaecida en España y en el mundo…

Y sin ir más lejos del perchero, una vez hubo tomado su ducha se acordó de dónde había dejado las llaves de la puerta de entrada y de la entrada de la finca. Abrió la puerta con parsimonia. No se oía a nada. Ni una tos, ni un televisor. Ni a ningún niño llorando por no querer la papilla.

En la calle la luz natural cobraba esta vez, tras mucho tiempo de tenue lapso infernal, una perspectiva más natural. Gente paseando, niños en el parque con sus mascarillas si eran más mayores, los dueños de los perros que se paraban en algún punto de la acera para que sus mascotas cogieran aire u olisquearan algún objeto encontrado, o sencillamente la vida en tres dimensiones. La que siempre disfrutó antes de perder su trabajo en la oficina por un ERE encubierto en la fábrica de automoción. Allá por el 2019. Menos mal que el convenio regulador había convenido con los trabajadores una cantidad por año trabado de indemnización que a día de hoy estaba en pausa. Se resolvería. Porque habían decretado nuevas medidas. Por lo pronto, tan solo contemplaba los rayos del sol sobre su rostro enmascarado y sus ojos adquirieron otro brillo.

Por marisa12domenechcastillo

Soy bloguera desde 2014 y recientemente he realizado mis primeras incursiones como youtuber y podcaster.

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